Orhit

 

Premio Empresa Flexible 2019

 
15 de Enero de 2019

Vendedores de tiempo

Valora este artículo
(0 votos)

El tiempo es una construcción humana, una mercancía que en 2019 seguimos vendiendo a cambio de dinero. Y es que la estandarización de los horarios tal y como la conocemos hoy en día, es una invención nacida del progreso. Antes de la Primera Revolución Industrial, cada pueblo organizaba el tiempo a su manera, en función de su actividad productiva, con un horario más o menos definido por el alba y el ocaso. Sólo los campanarios de iglesias y edificios públicos se atrevían a marcarlo. Sin embargo, el desarrollo de la actividad industrial y sobre todo, la expansión del ferrocarril como medio de transporte de personas y mercancías, hizo necesaria la estandarización del tiempo. Había que organizar los horarios de los nuevos puestos de trabajo fabriles, y saber con precisión a qué hora salía un tren o llegaba a su destino. El tiempo empezó a convertirse, desde ese momento, en una mercancía y como toda mercancía, se podía comprar y vender.

En la actualidad vivimos una revolución tecnológica que se ha instalado en nuestras vidas a través de internet, la inteligencia artificial y las redes sociales…No cabe duda de que nos está obligando a repensar la forma en que hacemos las cosas: cómo trabajamos, cómo compramos, incluso cómo nos relacionamos. El tiempo se ha convertido en una moneda de cambio de gran valor que ya no puede estar sujeta a horarios rígidos y a la exigencia de un presentismo absurdo que ha demostrado ser poco productivo.

La tecnología concede un nuevo valor al tiempo, y a la vez, diluye la línea que existía entre la vida profesional y personal. Obliga a los profesionales a ser más responsables y disciplinados en la administración de su tiempo, y a las compañías a ofrecer una flexibilidad hasta ahora impensable. Ya no es necesario viajar para asistir a una reunión. El trabajo no tiene porqué realizarse en el mismo sitio y en el mismo horario. Los empleados no tienen por qué tener una mesa y una silla. La llamada de trabajo con un país al otro lado del mundo, ya no exige tener que quedarse en la oficina más allá de la media noche…

En un mundo donde el miedo a perderse algo provocado por las redes sociales hace que estemos hiperconectados, el tiempo adquiere una perspectiva diferente. Se ha convertido en oro líquido y circular, muy alejado de la estandarización que fue necesaria con la primera Revolución Industrial.

La editorial DeLirios publicaba recientemente la novela “La mujer que vendía el tiempo”, que narra la historia de Ruth Belville, una empresaria que a mediados del siglo XIX, se dedicaba a ir por las casas ajustando los relojes al horario de Greenwich. Con la aparición de los relojes de bolsillo y de inventos como el teléfono o la radio, el negocio de “vender el tiempo” estaba abocado a desaparecer.

La mujer que vendía el tiempo

Hoy nos enfrentamos a una nueva transformación del modelo productivo y el tiempo vuelve a estar en el centro del cambio. Es el momento de convertirlo en nuestra mercancía más preciosa, de ponerlo en valor y de aprovechar las ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías para construir una sociedad más productiva, equilibrada y feliz. Porque el tiempo es lo único que no podemos recuperar como ya demostró Ruth Belville, la mujer que vendía el tiempo.