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Premio Empresa Flexible 2019

 
15 de Abril de 2019

Mirada de ojos sucios

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Los profesionales que se dedican a la comunicación saben de sobra que no existe nada que pueda gustar a todo el mundo. Por muy bueno, cuidado, investigado y analizado que sea un producto o un servicio, siempre habrá clientes que le pongan un “pero”.  Con la irrupción de las redes sociales, todo se amplifica significativamente porque la realidad se redimensiona de otra manera. Y es raro el día que, en los medios de comunicación, no encontremos ejemplos de ello.

La última noticia que se ha extendido como la pólvora por las redes sociales dando lugar a todo tipo de comentarios a favor y en contra, ha sido la de los padres de alumnos de un colegio público que han creado un grupo de trabajo para analizar el contenido de los cuentos que forman parte de la biblioteca del centro, y decidir si son aptos o no para que sus hijos los lean. Según parece, esta iniciativa se ha dado o se está dando en otros centros escolares con el mismo objetivo. Con esta actuación, los padres pretenden eliminar cuentos que ofrezcan a los niños una perspectiva machista de la sociedad.

Sin entrar en el debate del machismo o el feminismo que no viene al caso, si pretendo ofrecer una mirada desde fuera y desde el punto de vista de la comunicación.


© unsplash.com

Cualquier acto de comunicación depende de cinco elementos básicos: el emisor, que es el que lanza el mensaje; el receptor, que es el que lo recibe; el canal o medio utilizado; el entorno ambiental en que se produce esa acción de comunicación y el objetivo que persigue el emisor con esa comunicación. Este objetivo es lo que determina cómo se lleva a cabo la comunicación. El gran reto en el entrenamiento de habilidades de comunicación es hacer entender al alumno que existe una gran diferencia entre lo que queremos comunicar; lo que comunicamos y lo que el receptor entiende.

Juzgar desde el presente obras de pasado es por tanto un error de base porque no se hicieron para nosotros. La pintura, la literatura, la escultura, la moda, todo se hizo siguiendo unos principios adaptados a cada época, con un objetivo que no debemos juzgar con los ojos sucios  desde nuestra realidad de hoy. Deberíamos ser capaces de producir nuestro propio arte y conocimiento desde nuestra realidad y utilizar todo lo que hemos heredado para comprender de dónde venimos.

Alzarse como censor de la historia es un gran error. Desde occidente hemos contemplado horrorizados cómo se destruía el patrimonio artístico en Siria o Egipto. Y recordamos con dolor como en la Alemania Nazi de principios de los 40, Hitler destruía libros y cuadros porque los consideraba amorales. Todo ello ha supuesto una gran pérdida del patrimonio cultural de la humanidad. Sé que puede parecer que todo esto nada tiene que ver con unos padres censurando cuentos en una biblioteca de colegio. Pero los cuentos son nuestra tradición oral, forman parte de nuestra historia y han servicio para conformar el mundo que vivimos hoy. Una sociedad occidental democrática y que ha conseguido vivir el periodo de paz más prolongado que se recuerda.

Creo que el reto de nuestra sociedad no es censurar el pasado sino crear para las futuras generaciones nuestro propio legado cultural. Nuestros cuentos, nuestros cuadros, nuestra escultura. Expresar cómo somos y cómo sentimos ahora. Cuáles son nuestros valores como sociedad. Qué defendemos. Y para eso, necesitamos conocer los pilares de nuestra tradición porque sin ella, no podrán comprendernos en el futuro.


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