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Premio Empresa Flexible 2019

 
Diario de una agencia - NO TOCAR

"La noche estrellada", de Vincent van Gogh, y  "El nacimiento de Venus" de Botticelli son algunas de las obras de arte más conocidas de estos pintores. Para poder disfrutar de ellas en todo su esplendor, hasta ahora debíamos desplazarnos al MOMA de Nueva York en el primer caso y a la Galería de los Uffici (Florencia), en el segundo.

 

Pero por obra y gracia de la tecnología y de Internet, ahora podemos apreciar hasta el más mínimo detalle de sus pinceladas con solo sentarnos delante de nuestro ordenador. Gracias a Google Art Project, que arrancó en España en torno a 2009 gracias a un acuerdo firmado con el Museo del Prado, y que alcanzó, tan solo dos años después, más de 1000 obras de más de 17 museos. Ahora es posible admirar más de 30.000 cuadros de las principales pinacotecas del mundo.

 

No se puede negar las posibilidades que ofrece este programa en cuanto a la difusión del arte, pero ¿es lo mismo ver una obra maestra en la pantalla del ordenador? Van Gogh, Botticelli y otros tantos seguro que contestarían que no. Estos grandes pintores de todas las épocas, si levantaran la cabeza y vieran las obras que pintaron con tanto esmero dentro de un pequeño cuadrado iluminado (léase pantalla de ordenador) que además ofrece la posibilidad de diseccionar sus creaciones pulgada a pulgada para ver dentro de ellas, pondrían el grito en el cielo.

 

A través de Art Project podemos ver cosas que ni los mismos autores recordarían haber puesto allí, o al menos, con la interpretación que ahora, desde el siglo XXI, podemos hacer. La propia Gioconda seguro que ni sabía que tenía una "prima" o pariente cercano en Madrid; parece ser que Da Vinci era un enfermo del perfeccionismo, así que esto da qué pensar lo que podemos descubrir si analizáramos a través de Art Project cualquiera de sus dos Giocondas.

 

¿Realmente es necesario observar los detalles más ocultos de una obra de arte a una resolución de 2 gigapíxeles? Es como si quisiéramos desnudar y destripar estas maravillas para llegar hasta su alma más profunda. Sinceramente, creo que poder admirar estas obras estando delante de ellas y sintiendo lo que transmiten, diferente para cada uno de nosotros, no tiene precio.

 

¿Se imaginan a Van Gogh poniendo un WhatsApp a Da Vinci diciéndole algo así: "Oye que ya han encontrado tu otra Gioconda"? Pues eso.



Por Yolanda de Diego

El 1 de abril es Domingo de Ramos. A partir de este momento, se abre la veda para que toda la imaginería popular salga a la calle en procesión. Me refiero a "imaginería popular" en su sentido más amplio, ya que además de las procesiones que se organizan en casi todos los pueblos de España, salen a desfilar por nuestras calles personajes, asociaciones y tipos peculiares.

 

El por qué de cómo tenemos conocimiento de ellos se lo debemos a los medios de comunicación. Son los encargados de llevarlos hasta nuestros hogares gracias a la magia de la televisión, la radio, la prensa escrita y, cada vez más, los medios digitales.

 

Desde hoy mismo, la información meteorológica se convierte en cuestión de estado. Para muchos españoles es más importante saber si el Jueves Santo va a hacer sol, que si le van a subir los impuestos otra vez. Cada cosa a su tiempo. Y ahora, es tiempo de torrijas y procesiones. Y los medios de comunicación allí están para informar al minuto, como si de un partido de fútbol se tratase, de cada gota que cae (seguro que este año con la sequía que hay, no llueve ni en estas fechas, como pasa todos los años).

 

La ocupación hotelera en este sacro periodo tampoco puede faltar. Como si sabiendo que la ocupación en, por ejemplo, Orihuela, Segóbriga o en Baena, llega sólo al 80%, el resto nos fuéramos a ir corriendo para aquellas tierras.

 

La información gastronómica no puede faltar en un país como el nuestro. Potajes de garbanzos y bacalao, y cualquier forma de preparar éste último aparecen en nuestras salas de estar en cualquier momento. Pero lo que no puede faltar (en serio, no puede faltar) es toda clase de reportajes sobre las nuevas formas de hacer torrijas, monas de pascua, pestiños y demás dulces: con chocolate, con frutas, estructurados o desestructurados (esto debería ser pecado: una torrija es una torrija y no un chupito o espuma).

 

Por último, es inexcusable la presencia de nazarenos y cofradías en todas sus variedades posibles. Que se acepte a mujeres en una cofradía o hermandad (triste, pero todavía es noticia), que se cambie el recorrido de una procesión, las horas de espera para ocupar los primeros puestos para ver en primera fila  los pasos, el sudor de los costaleros o las lágrimas de las creyentes en mantilla es noticia de apertura de los telediarios y primeras de los periódicos.

 

En medio de la crisis, los recortes, las huelgas y las elecciones que nos provocan a diario tanto dolor de cabeza, los capirotes y procesiones son un paréntesis informativo para tomar un respiro. Pero no se despisten que en cuanto nos demos cuenta, todo y todos, volvemos a la normalidad.

 

Amén.



Por María Jiménez

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