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Diario de una agencia - NO TOCAR

El 1 de abril es Domingo de Ramos. A partir de este momento, se abre la veda para que toda la imaginería popular salga a la calle en procesión. Me refiero a "imaginería popular" en su sentido más amplio, ya que además de las procesiones que se organizan en casi todos los pueblos de España, salen a desfilar por nuestras calles personajes, asociaciones y tipos peculiares.

 

El por qué de cómo tenemos conocimiento de ellos se lo debemos a los medios de comunicación. Son los encargados de llevarlos hasta nuestros hogares gracias a la magia de la televisión, la radio, la prensa escrita y, cada vez más, los medios digitales.

 

Desde hoy mismo, la información meteorológica se convierte en cuestión de estado. Para muchos españoles es más importante saber si el Jueves Santo va a hacer sol, que si le van a subir los impuestos otra vez. Cada cosa a su tiempo. Y ahora, es tiempo de torrijas y procesiones. Y los medios de comunicación allí están para informar al minuto, como si de un partido de fútbol se tratase, de cada gota que cae (seguro que este año con la sequía que hay, no llueve ni en estas fechas, como pasa todos los años).

 

La ocupación hotelera en este sacro periodo tampoco puede faltar. Como si sabiendo que la ocupación en, por ejemplo, Orihuela, Segóbriga o en Baena, llega sólo al 80%, el resto nos fuéramos a ir corriendo para aquellas tierras.

 

La información gastronómica no puede faltar en un país como el nuestro. Potajes de garbanzos y bacalao, y cualquier forma de preparar éste último aparecen en nuestras salas de estar en cualquier momento. Pero lo que no puede faltar (en serio, no puede faltar) es toda clase de reportajes sobre las nuevas formas de hacer torrijas, monas de pascua, pestiños y demás dulces: con chocolate, con frutas, estructurados o desestructurados (esto debería ser pecado: una torrija es una torrija y no un chupito o espuma).

 

Por último, es inexcusable la presencia de nazarenos y cofradías en todas sus variedades posibles. Que se acepte a mujeres en una cofradía o hermandad (triste, pero todavía es noticia), que se cambie el recorrido de una procesión, las horas de espera para ocupar los primeros puestos para ver en primera fila  los pasos, el sudor de los costaleros o las lágrimas de las creyentes en mantilla es noticia de apertura de los telediarios y primeras de los periódicos.

 

En medio de la crisis, los recortes, las huelgas y las elecciones que nos provocan a diario tanto dolor de cabeza, los capirotes y procesiones son un paréntesis informativo para tomar un respiro. Pero no se despisten que en cuanto nos demos cuenta, todo y todos, volvemos a la normalidad.

 

Amén.



Por María Jiménez

16 de Marzo de 2012

Indios y vaqueros

Domingo 11 de marzo. Estoy viendo las noticias y sale una imagen de la matanza de Kandahar donde un soldado estadounidense ha asesinado a 17 personas civiles, entre ellos varios niños.

 

No se si será mi nueva condición de madre pero desde que veo noticias en las que niños mueren asesinados o por hambre no puedo dejar de plantearme que algo estamos haciendo mal. Muy mal. Fatal.

 

Según datos de UNICEF cada tres segundos muere un niño menor de cinco años por causas que se podrían evitar como diarrea, paludismo, infecciones neonatales, parto prematuro o falta de oxígeno al nacer. La mitad de las muertes infantiles suceden sólo en cinco países, entre los que destacan (no se si se puede destacar en esto) Afganistán con 257 niños muertos por cada 1.000 nacidos (datos de 2008).

 

Pero es que además, la probabilidad de que un niño o niña nigeriano muera antes de cumplir cinco años es 45 veces más alta que en Francia, por ejemplo.

 

Y si sigo con la educación la cosa no pinta mejor. Menos del 80% de las niñas y los niños de todo el mundo en edad de enseñanza primaria asisten a la escuela. En los países menos desarrollados, esta cifra apenas llega al 66%.

 

Con estos datos me cuesta creer en un futuro de otro color que no sea negro para estos niños y niñas que deberían de estar estudiando, jugando a indios y vaqueros, y creciendo sin más problemas que el de haber ganado a las chapas (o a la Wii). Desde luego los adultos les hemos dejado desamparados frente a su presente, y lo que es peor, sin ningún futuro. Quizás nuestros hijos sean más responsables que nosotros y encuentren una solución al problema. Esperemos.

 

NOTA: Estoy revisando el texto que escribí hace unos días antes de publicarlo y me doy cuenta que la noticia de la que hablo ya no aparece en los medios. Ya no existe. Es ahora cuando aún me doy más cuenta de la gran responsabilidad que tenemos los que trabajamos en comunicación. Somos, en parte, responsables de dar voz a quienes no la tienen.


Por Cristina Gómez

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