Orhit

 

Premio Empresa Flexible 2019

 
Diario de una agencia - NO TOCAR

Domingo. 13:30 horas. Estoy sentada en una terracita con una vecina que me cuenta como ha pedido a su jefe realizar su jornada de 8:00 a 17:00 horas para poder recoger a su bebe de la guardería. Su jefe le ha contestado que en principio si… y ella se pregunta qué habrá querido decir con “en principio”.

 

Lunes. 14:00 horas. En una comida con una periodista me dice que acaban de despedirla porque en su empresa no han llevado bien su reducción de jornada.

 

Debo de reconocer que cuando empezábamos a preparar la onceava edición del Premio Empresa Flexible me preguntaba si tenía sentido seguir adelante, pues parece que las empresas ya tienen mucho recorrido en materia de flexibilidad y que este tema para los medios de comunicación ya está algo “visto”.

 

Sin embargo la realidad es otra. Es la que nos encontramos cada día: vecinas con problemas para recoger a sus hijos de la guardería, empleados con personas dependientes a su cargo, mujeres que renuncian a ascensos por poder atender a su familia, jefes que hacen jornadas imposibles y obligan a sus trabajadores a hacerlas...

 

Pero es que además, parece que la crisis les ha servido a algunas empresas de pretexto para no seguir trabajando en conciliación. Es la excusa perfecta: bastante tenemos con sobrevivir a esta situación como para encima tener que preocuparnos por si la gente esta trabajando más contenta o no. Pero no hay excusas que valga. Porque la flexibilidad no sólo trata sobre si los empleados trabajan más felices, sino también de que trabajen de manera más productiva, con unos objetivos bien definidos que le permitan atender su vida profesional sin descuidar su vida personal.

 

Decía la profesora Margarita Mayo que con la aplicación de medidas de conciliación la cuenta de resultados de una empresa podría verse incrementada entre un 10 y un 15%. Estos datos hablan por si solos.

 

Por eso este año, más que ningún otro año, quiero invitaros a todas las empresas a participar porque las que lo estáis haciendo bien podéis dar ejemplo y, las que aún no habéis empezado a trabajar en estos temas podéis obtener grandes ideas para empezar.

 

Suerte a todas.


Por Cristina Gómez

Miércoles 16 de mayo. Me bajo del AVE en Ciudad Real y para mi sorpresa, desde el vagón de Clase Preferente se apea PEEEEEEEDRO¡¡¡¡ No lo puedo evitar y me pierde mi mitomanía. Le espero, me acerco y le pido una foto. Conmigo, claro. Los mitómanos somos así. Casi no me mira. No me sonríe y dice, "me están esperando", pero se pone a mi lado y nos hacen la foto (¡benditos móviles!) He enviado la insigne imagen a multitud de amigos por ese sentimiento de importancia que las personas insignificantes sentimos cuando estamos frente a una rutilante estrella -al fin y el cabo, tiene un Oscar...- esperando que algo se nos pegue de ella. Un curioso, que siempre los hay, me comenta: "el domingo con los indignados y hoy paseando bolsa de Prada..." Un enorme logotipo en el equipaje naranja, lo gritaba a los cuatro vientos.

 

Las nuevas tecnologías son obscenas. Ponen al descubierto lo que somos y lo que hacemos sin ningún pudor. En cualquier momento, podemos ser presos de nuestra propia incongruencia, sin querer, de forma inocente. Alguien puede decir que nadie duda de que directores de cine de la talla de Almodóvar puedan permitirse caprichos marca Prada. Y es cierto. ¿Pero qué indignación puede tener alguien que viaja en preferente mientra su equipo lo hace en turista? Eso no lo mostraba la foto, pero yo fui testigo porque viajaba en el vagón "turístico" con sus tres acompañantes.

 

En estos momentos críticos para nuestra economía y nuestra sociedad, deberíamos retomar un valor esencial para salir a flote: el sentido común. Sentido común para llevar a cabo los recortes necesarios en una economía que en época de bonanza se ha desbocado. Sentido común para apretarnos el cinturón y establecer prioridades entre lo que es necesario y lo que es superfluo. Sentido común para reconocer qué hemos hecho mal y cambiarlo. Y sentido común para que reine la coherencia entre lo que hacemos y lo que decimos. Una hora Madrid-Ciudad Real bien valía una acción coherente. Bolsas de Prada a parte.

 

Aquel mandamiento bíblico de "Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha" es cada vez más difícil, no por no querer que así sea, sino porque en la sociedad de la información todos estamos expuestos. Unos más que otros, obviamente.

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