Orhit

 
Diario de una agencia - NO TOCAR
16 de Marzo de 2012

Indios y vaqueros

Domingo 11 de marzo. Estoy viendo las noticias y sale una imagen de la matanza de Kandahar donde un soldado estadounidense ha asesinado a 17 personas civiles, entre ellos varios niños.

 

No se si será mi nueva condición de madre pero desde que veo noticias en las que niños mueren asesinados o por hambre no puedo dejar de plantearme que algo estamos haciendo mal. Muy mal. Fatal.

 

Según datos de UNICEF cada tres segundos muere un niño menor de cinco años por causas que se podrían evitar como diarrea, paludismo, infecciones neonatales, parto prematuro o falta de oxígeno al nacer. La mitad de las muertes infantiles suceden sólo en cinco países, entre los que destacan (no se si se puede destacar en esto) Afganistán con 257 niños muertos por cada 1.000 nacidos (datos de 2008).

 

Pero es que además, la probabilidad de que un niño o niña nigeriano muera antes de cumplir cinco años es 45 veces más alta que en Francia, por ejemplo.

 

Y si sigo con la educación la cosa no pinta mejor. Menos del 80% de las niñas y los niños de todo el mundo en edad de enseñanza primaria asisten a la escuela. En los países menos desarrollados, esta cifra apenas llega al 66%.

 

Con estos datos me cuesta creer en un futuro de otro color que no sea negro para estos niños y niñas que deberían de estar estudiando, jugando a indios y vaqueros, y creciendo sin más problemas que el de haber ganado a las chapas (o a la Wii). Desde luego los adultos les hemos dejado desamparados frente a su presente, y lo que es peor, sin ningún futuro. Quizás nuestros hijos sean más responsables que nosotros y encuentren una solución al problema. Esperemos.

 

NOTA: Estoy revisando el texto que escribí hace unos días antes de publicarlo y me doy cuenta que la noticia de la que hablo ya no aparece en los medios. Ya no existe. Es ahora cuando aún me doy más cuenta de la gran responsabilidad que tenemos los que trabajamos en comunicación. Somos, en parte, responsables de dar voz a quienes no la tienen.


Por Cristina Gómez

09 de Marzo de 2012

Influencias de la era Pajín

Una periodista, además de amiga, está preparando un reportaje de cara al 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer.  En su intento por buscar fuentes solventes, me pregunta (¡ja!) qué opino a cerca de si el trabajo doméstico debe ser remunerado para las amas de casa y que en tal caso, quién debería asumir dicho pago. Lo primero que me viene a la cabeza es quién me va a pagar a mí, que además de trabajar fuera de casa, también dedico una media de 10 horas semanales a mi hogar, dulce hogar.

 

Con esta primera reflexión, lanzo al ciberespacio (me ha preguntado a través de Facebook) un no rotundo. Después, pienso que quizá mi amiga espera algo más de mí, porque si todo el mundo le da un monosílabo por respuesta le va a quedar un reportaje algo pobre. Así que le echo imaginación y añado que, en el país del "todo es posible" del "con el buenismo se llega a todas partes" y del "la fe mueve montañas",  si hubiera que remunerar a las amas de casa por su trabajo, el "pagador" debería ser su marido. Aquí me entran dudas (arrastro todavía influencias de la era Pajín) y me decanto por desdoblar los sexos: amas /amos de casa; marido mujer... Pero termino desestimándolo. Al fin y al cabo, ella había preguntado, con una gran dosis de realismo, por las amas de casa....

 

Después de más de diez años trabajando con directores de RRHH no puedo dejar de lanzarme a la piscina y añadir que para hacer el cómputo de horas, habría que estimar una jornada de ocho horas. De éstas, cuatro se supone que se corresponden a su parte del hogar conyugal. Quedan por tanto cuatro a remunerar.  De esas cuatro, si hay hijos, se repartirían de nuevo entre dos y por tanto, quedarían dos a remunerar. Por 30 días/mes, 60 horas mensuales. ¿Cuánto? Ni idea. A ese respecto, cada cuál que aguante su vela. Habría que tener en cuenta la experiencia, cualificación, formación especializada... A la vista del jardín en que me estaba metiendo yo sola, derivé el mensaje a un amigo, profesional de RRHH, para que la atendiera.... Me temo que su respuesta fue monosilábica.


Por Marisa Cruzado

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