Regresamos del Sur preparados para ver el Norte, como dice la pegadiza banda sonora del anuncio de una marca de cerveza.
Y empieza la cuesta de septiembre. Pero tengo que reconocer que me gusta este mes. En septiembre comienza la aventura: un nuevo curso, un nueva temporada, un nuevo trabajo, un nuevo proyecto.
Septiembre es ese mes en el que todo puede ocurrir. Te puedes “rayar e irte a Londres a vivir” como dice el afamado grupo de Facebook; puedes matricularte en Psicología a tus 48 años o apuntarte a clases de japonés. O suscribirte a cualquiera de las colecciones que ofrecen los quioscos. Todo vale para conseguir ese pequeño empujón que necesitamos para afrontar nuevos retos y sobrevivir al frío y no muy deseado invierno.
Y durante nueve largos meses, que incluyen un agravado otoño y una fugaz primavera, madrugaremos, nos reuniremos, iremos al gimnasio o a clases de danza y teatro, acudiremos a exposiciones, cenas y compromisos. Buscaremos nuevos clientes y nuevas experiencias que aporten y nos aporten, y nos tiraremos en el sofá con una suave manta a ver cómo sigue el mundo de indignado o una película que nos haga emocionarnos. Y todo, para que cuando llegue junio podamos decir “¡qué falta hace que llegue el verano!, porque nos hemos ganado unas vacaciones.
Por Patricia Peñas